Código del oeste
Código del oeste Después, creía sentir de nuevo la cara de ella próxima a la de él… le parecía ver otra vez aquel pálido óvalo, con sus misteriosos e insondables agujeros negros que eran los ojos y sus tentadores labios.
En ese estado de espíritu vagaba Cal por la pradera, presa de las torturas, de las agonías y del celestial éxtasis que constituyen el verdadero amor en un corazón generoso y honrado.