Código del oeste
Código del oeste De nuevo Cal bajó la cabeza, y esta vez destrozó la varilla con una violenta contracción de su nervuda diestra.
—Si Georgiana sigue con su… flirteo… como usted lo llama… aquà va a haber las del demonio. Nosotros no sabemos de eso. Por acá hay muchachas que le echan a uno miradas provocadoras, que se dejan coger las manos, que no escatiman los besos… en fin, todas esas fruslerÃas de las mujeres, ya usted sabe. Es natural, supongo, y con frecuencia acaba en relaciones formales. Pero eso no es lo que hace Georgiana. Ella le llama a eso «los primeros pasos del jardÃn de infancia».
La señorita Stockwell permaneció muda. Estaba dispuesta a escucharlo todo.
—Maestra, el otro dÃa consulté el diccionario para averiguar el significado exacto de la palabra flirteo —continuó Cal, con la mayor gravedad—. DecÃa: «coqueteo entre jóvenes; tomar el amor como pasatiempo…». Ya es bastante decir, y se aproxima a lo que hace Georgie. Pero se queda corto. Yo, a la verdad, todavÃa no lo alcanzo. Pero si sé de fijo… que como siga, va a correr la sangre.
—¡Oh, Cal…!, querido niño loco… ¿qué está diciendo? —imploró la señorita Stockwell con más tristeza que susto. En realidad, no se asustaba.