Código del oeste
Código del oeste —¡Huy…!, eso es difÃcil de contestar. Algunas veces le veo ceñudo, celoso, mezquino… y hasta peligroso. Y no vaya a creer que le tenga miedo, ¿eh? Pero si alguna vez tuviera necesidad de fiarme de alguien, lo elegirÃa a usted.
—¡Ajú! Sospecho que eso es más bien una evasiva que un cumplido.
—Señor Cal Thurman, no tiene ni la más remota idea del gran cumplido que es… dicho por mÃ.
—Estoy curado de espanto, señorita Georgiana… Los golpes me enseñan… Bueno; ya estamos en marcha, y hay que andar de firme. El camino es malo. SÃgame, aunque no muy de cerca, y haga lo que me vea hacer. Si Blazes resbalara en las peñas, saque en seguida los pies de los estribos. Y si él se cayera, tÃrese al suelo inmediatamente, sin miedo y sin detenerse a pensarlo.
—¡Oh!, ¿eso es todo? —preguntó Georgiana lanzando una carcajada, sin asomo de temor.