Código del oeste

Código del oeste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Apostaría que me he arrancado la piel —dijo la muchacha con voz llorosa, frotándose la parte dolorida. Al mismo tiempo contemplaba con gran disfavor a Cal, y éste sacó la consecuencia de que aquella risa le costaría cara.

—¿Quiere volver a casa? —le preguntó en tono burlón.

—¡De ninguna manera! Estoy dispuesta a seguir, aunque tenga rotos los huesos —repuso la joven—. Pero sí le digo que si fuera usted como debe, me hubiera buscado un par de zahones para protegerme las piernas.

—Georgie, ya se me había ocurrido; sólo que no había en el rancho ningún par que le vinieran a su medida. Hay unos en Ryson, que podría usar si los cortara por debajo. Estos matorrales la harán pedazos… ¿Se pondrá zahones… si se los regalo?

—¿Quién…, yo? ¿Después de este trastazo? ¡Vaya si me los pondré…!

—Esta misma noche los pediré por teléfono.

Fuera lo que fuese que él hiciera o dijera, o lo que ella quisiese o contestase, Cal sentía que siempre terminaba todo en idéntica forma (inquietante para él): en una perturbadora complacencia por estar a su lado.

—Gracias, Cal. Eso será una gran comodidad —manifestó la muchacha.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker