Código del oeste
Código del oeste Cal se encaminó, cuesta arriba, hacia la primera colina, baja, arenosa, cubierta de matorrales. Descendió luego por el otro lado, entre murallas de apretadas encinas. Trepó de nuevo por la empinada falda de la colina siguiente, que era en realidad como un alto peldaño para acercarse a la montaña. Desde la cumbre se apreciaba en toda su prodigiosa magnitud el vasto volumen de las escarpadas alturas que tenían delante. Inmensos riscos rojos descollaban entre mares de verdura.
—¡Buenas noches! —exclamó Georgiana, estupefacta.
—¿Y usted cree que voy a poder trepar por ahí?
Larga era la pendiente, mas Cal la encontró demasiado corta.