Código del oeste
Código del oeste —Vamos, que se convertirá en un pionero de tomo y lomo —respondió Georgiana como en sueños—. Una vez leà algo… en no sé qué libro, de una muchacha que también se metió en algo asÃ. Quiso ser pionera, y, créame, pasó lo suyo…
—¿Qué? ¿Trabajo, soledad, lucha?
—¡Vaya que sÃ…! Cal, cuando esté en su rancho, no le acompañará nadie, ¿verdad?
—¡Y mucho que se me da a mà de eso! Estaré solo; completamente solo. Tendré que prepararme yo mismo las comidas, fregar la loza, lavar la ropa, partir leña, ordeñar la vaca, arar, sembrar, cortar madera y acarrearla, etcétera.
—¡Buenas noches! —Y se le quedó mirando, curiosa y pensativa, como si el mozo se le presentara con un aspecto totalmente nuevo. Luego le dijo—: Cal, no se ofenda, pero usted no es ningún rústico…, ningún patán de éstos, como yo les llamo. Es un chico listo y bien educado, que podrÃa abrirse paso en cualquier gran ciudad. ¿Por qué no prueba?