Código del oeste
Código del oeste —SÃ; desde luego —contestó el interpelado.
—Bueno; entonces, vamos a trabajar —dijo Enoch, poniéndose en pie—. Tuck, venga conmigo y haga lo que me vea hacer.
Avanzaron todos hacia el lÃmite oeste del campo y, haciéndose cada cual cargo de una fila de plantas, doblegaron los altos cuerpos para entregarse con ardor a la faena de la cosecha.
El método de acción era muy simple. Las cañas de sorgo crecÃan espaciadas, cosa de un pie unas de otras. Eran delgadas, pero duras. El cuchillo tenÃa que estar bien afilado, y la mano que lo manejaba necesitaba ser vigorosa. Una vez cortadas las cañas, las iban recogiendo en el brazo izquierdo, o depositándolas en el suelo, según la manera de obrar de cada cortador. El campo medÃa aproximadamente una milla de largo, y las hileras de sorgo se extendÃan de extremo a extremo.