Código del oeste
Código del oeste Por consiguiente, Wess se encaminó a una de sus hileras y comenzó a recoger tallos segados. Cuando tenía hecha una buena gavilla la depositaba en el suelo y procedía a formar otra, reuniéndolas luego todas hasta juntar una cantidad enorme. Entonces las abarcó con los brazos, levantándolas en vilo y quedando totalmente oculto bajo la carga. Mientras sostenía ésta, Enoch midió el contorno, valiéndose para ello de una cuerda. Terminada la medición, descargó Wess en tierra el enorme mazo, poniéndolo con las cañas para arriba y dejándolo como un fascal de trigo.
—Bueno, Tuck, ahora le toca a usted —dijo Enoch—. Y acá, internos, creo que puede ganarle.
Animado con estas palabras, empezó Merry la tarea, imitando lo hecho por Wess, aunque con menor pulcritud. Estimado por el espacio recorrido en la junta, apiló más que el otro.
—Te embromaste, Wess observó Henry.
—Si carga todo eso, me doy por vencido —replicó el mozo—; pero no podrá.