Código del oeste
Código del oeste Aquel sábado, último día del rodeo de octubre, era la fecha fijada para la celebración del baile principal de los que se daban durante el otoño. Por tal motivo, Mary Stockwell pudo observar que, al atardecer, iban dos procesiones en sentido encontrado: una, formada por fatigados vaqueros que regresaban al rancho, y la otra, una larga fila de vehículos que se dirigían al edificio de la escuela, donde tendría lugar la gran fiesta.
—¡Los vamos a dejar derrengados a todos ustedes esta noche, a fuerza de bailar! —gritó alegremente una muchacha, desde uno de los coches, al divisar a Boyd Thurman, todo polvoriento y andrajoso.
—¿De dónde has sacado esa idea? —interrogó el mozo.
—Van ustedes a estar tan molidos que apenas podrán tenerse en pie —fue la respuesta.
—Bueno, Angie —replicó Boyd—, pues ni aun así podrán ustedes bailar más que nosotros.