Código del oeste
Código del oeste —No, Tim; te aseguro que no tenÃa nada —dijo Enoch bondadosamente, mientras que con el pañuelo que le servÃa de corbata le limpiaba la sangre que le manchaba el rostro—. Te ha vencido pronto y bien, y eso es todo.
Cal hincó una rodilla en tierra, junto al caÃdo, y le tendió la mano, preguntándole:
—¿Quieres que la choquemos y olvidemos la cosa?
Tim se sentó, mirando con sorpresa a su vencedor. No podÃa creer a sus ojos, pero tenÃa que convencerse de la realidad de lo acontecido. Era un momento muy cruel para él. Lentamente, extendió la temblorosa diestra, contestando:
—Cal, de seguro… me has ganado… y confieso que recibà mi merecido… Pero ¿cómo pudiste hacerlo? La coz de un caballo duele bastante, pero ¡oh…!, cuando me pegaste en el vientre fue una cosa horrible.