Código del oeste
Código del oeste En eso, Cal irguió perezosamente sus cinco pies y once pulgadas de joven y vigorosa humanidad, y después de contemplar a sus hermanos y camaradas con una sonrisa burlona, les dijo:
—¡Estáis todos bien despachados! ¡Vaya un hato de zopencos! ¡Por vida mía!
Mary se alegró al oírlo, y sintió la inminencia de lo que estaba esperando. Este mozo de diecinueve años, hijo de Henry Thurman, era, en su opinión, el mejor del clan entero. Poseía la intrepidez, llaneza y tosquedad de los nativos de la comarca, pero con algo más de inteligencia y educación. Su aspecto era más refinado, y podía tenérsele por persona bastante instruida. Cal había hecho el último año de escuela bajo la dirección de la señorita Stockwell, quien lo apreciaba por su conducta ejemplar y seriedad en los estudios. Su abuelo había sido un rebelde tejano, afamado por su temperamento impulsivo y ardiente, el cual, según la familia, había heredado el nieto.
—Maestra, tendré mucho gusto en ir a esperar a su hermana —declaró volviéndose a Mary—. Yo estaba aguardando para ver cómo escurrían ésos el bulto.