Código del oeste
Código del oeste —Bien; prefiero no enterarme de lo que les hizo ni de lo que ellos le harán mañana. Aunque repito que no le pesará el… haber ido. Y hasta puede que se alegre…
¿Por qué? —preguntó con incipiente curiosidad, mirándola como si la invitara a ser más explÃcita, aunque con la instintiva desconfianza de quien supone una incógnita indescifrable en toda mujer. No tenÃa la más remota idea de lo que querÃa darle a entender Mary; sin embargo, las palabras de ésta le habÃan despertado un nuevo interés, completamente aparte de su deseo de complacerla—. Quizás es rica y me dará una silla nueva o algún otro regalo —manifestó en tono burlón.
—Quizás… Algo le va a dar; eso es seguro —replicó Mary Stockwell con cierto misterio. Y se alejó, dejando al muchacho en la puerta del corral, que él habÃa abierto para que ella pasara.
Cal, con una vaga sonrisa de satisfacción y esperanza, se estuvo un buen rato en el mismo lugar, contemplando de lejos a sus camaradas, que seguÃan conspirando.