Código del oeste
Código del oeste A la mañana siguiente, cuando Cal se presentó, para desayunarse, más de dos horas después de lo acostumbrado, se quedó consternado al descubrir que varios de los vaqueros no habían salido al campo para atender a sus tareas habituales.
—¡Hola! ¿Cómo estás? —le saludó Panhandle.
—Buen día, Cal —masculló Arizona.
—¡Eh, Cal! Dormiste mal anoche, de seguro —observó Wess con retintín.
—Se nota que te hace daño la idea de tener que encontrarte con damas —añadió Tim Matthews, solícito.
—¡Ajú! —gruñó Cal mirando a sus amigos con recelo.