Código del oeste
Código del oeste Iba a ser una cabaña como la de Gard Thurman, la cual, en realidad, constaba de dos cuerpos habitables, con un solo techo. Las habitaciones medían quince pies de ancho por veinte de largo, y el espacio entre ambas formaba un porche. Ningún vehículo de ruedas había jamás podido llegar a menos de cinco millas del domicilio de Gard a causa de la naturaleza del terreno, y el lugar ocupado por Cal era aún peor en ese sentido, pues se hallaba a más altura en la escabrosa ladera. Durante muchos días hubo que valerse de burros para acarrear madera desde el aserradero de Henry, y las pacientes bestias transportaban cuantas tablas y otros materiales hacían falta para los pisos, puertas, etc. Las cuatro ventanas habían venido de Globe, confiadas al cuidado y la experiencia del anciano Jinny, el arriero de más confianza que tenían a cargo del manejo de las acémilas. Las viguetas para el puntiagudo techo fueron cortadas de pinos a propósito para tal objeto, y de un corpulento árbol se obtuvieron las «tejas» (tablillas de pequeño tamaño, que se ajustaban unas sobre los bordes de las otras). Alegres, infatigables, trabajaban solos. Estaban ejecutando una labor digna de pioneros, que con sus inteligentes esfuerzos abrían la senda de la civilización.