Código del oeste
Código del oeste —La señorita Stockwell me ha dejado una lista de encargos que le hacen mucha falta.
—Muy bien. Dame esa lista. ¿Se ha ido ella a la escuela?
—Sí. Padre la llevó en el carretón. Quería hablar contigo, pero aún no te habías levantado. Me dijo que te saludara en su nombre y que no olvidaras el ir a esperar a Georgiana.
—¡Vamos, Molly!, —se entrometió Wess chuscamente—. ¿Cómo puedes suponer que Cal olvide su misión respecto a Jorge-Ana?
Cal comenzó a desayunarse en silencio, sabedor de que sus camaradas no le perdían de vista, y no desperdició tiempo alguno en la operación. Tan pronto acabó, empujó el plato vacío y se encaré con el grupo, preguntando con sorna:
—Hoy no se trabaja, ¿eh?
—Nop —respondió Wess lacónicamente.
—¿Ni se hace tampoco nada de lo mucho que hay que hacer?
—Nop.
—¿Van a cazar con los perros, quizás?
—Hace mucho calor y está todo demasiado seco para salir de caza; pero iremos en cuanto llueva y refresque el tiempo. Va a haber abundancia de osos este otoño, y un mundo de bellotas en los altozanos.