Código del oeste
Código del oeste —Bueno, ¿en qué te ocuparás hoy?, —quiso saber concretamente Cal.
—En nada de particular. Hoy tengo el dÃa libre repuso Wess con la mayor calma.
—¿Irás a Ryson?
—Seguro. Aquà se aburre uno. Y necesito comprar tabaco, y herraduras, y cartuchos, y…
—Yo te lo compraré —le atajó Cal.
—No me fÃo… —replicó Wess suavemente—. Además, quiero ver a Angie.
—No está en su casa y tú lo sabes —concluyó Cal.
En seguida clavó la vista en Panhandle Ames, interrogándole:
—Y tú, tienes también importantes razones para presentarte en Ryson, ¿eh?
—Cal, yo, naturalmente, tengo que ir. Hay un montón…
—¡Bah! —le interrumpió Cal poniéndose en pie y empujando hacia atrás el banco en que habÃa estado sentado. No necesitaba oÃr más subterfugios ni preguntarles a Tim o Arizona. Éstos demostraban una despreocupación demasiado ostensible para que fuera sincera.
Por la singular inexpresividad de todas aquellas caras deducÃa el muchacho la malicia de sus maquinaciones.