Código del oeste
Código del oeste —¿Iréis a caballo? —concluyó Cal, como a la desesperada.
—Nop —respondió Wess—. Vamos en el coche grande. Ya ves, tÃo Henry necesita harina, grano, y un montón de provisiones que ha encargado y que le hacen mucha falta. ¡Oh! Lo que es a la vuelta, vamos a venir bien cargados.
—Yo necesitaba el coche grande —replicó Cal, acalorado.
—¿No sabÃa padre que iba a ir yo a recibir a esa señorita?
—DebÃa de saberlo, porque cuando le pedimos ese coche para poder traer en él todos los encargos, nos dio permiso para usarlo diciendo, al mismo tiempo, que tú llevarÃas el «Ford» repuso Wess con un aplomo que revelaba supremo dominio sobre sà mismo.
—¡Y padre se ha ido con el carretón! —exclamó Cal, casi dando muestras de zozobra.
—Asà es. Después de llevar a la maestra a la escuela, irá a casa de Hiram Bowes.
—Cal, teniendo presente lo buen mecánico que eres, nos parece que irás tan campante en el «Ford» como un pavo volando cuesta abajo —observó Pan Handle Ames con asombrosa bondad y afectada admiración.
Justamente en ese instante le acometió a Tim tan violento ataque de tos, que tuvo que doblar el cuerpo (haciendo heroicos esfuerzos para dominar su alborozo).