Código del oeste
Código del oeste —¿Por qué… no?
—Porque he llegado demasiado lejos. No me importa lo que suceda. Soy capaz hasta de pegarle un tiro al párroco… Si te resistes a obedecerme ahora, te llevaré conmigo, de todos modos.
—¿Adónde?, —quiso saber atónita—. No será a su homestead. ¡La misma familia de usted vendrÃa lo más pronto a rescatarme!
—Te ocultaré en lo más espeso de la selva… hasta que accedas a casarte.
—Cal… ¿le habré hecho yo… volverse loco? —tartamudeó consternada.
—Es demasiado tarde. ¿Te casas conmigo, sà o no? Acabemos de una vez —le apremió él.
—Cal Thurman… jamás iré con usted viva, a menos que estemos casados.
—¡Ajú! AsÃ, pues… estamos de acuerdo —resumió Cal—. Vamos. Déjame hablar a mÃ.
La condujo hacia la cabaña, y toda la voluntad que pudo acumular no le bastaba para calmar el tumulto de emociones que sentÃa. Por un instante creyó soñar, y en seguida le embargó la sensación de la grata proximidad de la mujer amada, cuya manecita oprimÃa fuertemente. Ella marchaba junto a él de buen grado. TenÃa que apresurarse. ¡Cómo se le presentaba de borrosa a la vista la cercana cabaña! Los pinos adoptaban, ante sus turbios ojos, formas grotescas, confusas y movibles…