Código del oeste
Código del oeste —¡Jo, jo, jo!, —reÃa Tuck Merry aproximándose a la recién desposada—. Supongo que se me permitirá besar a la novia. Georgie, siempre he tenido unas ganas locas de besarla, aunque sólo fuera una vez. —Y, uniendo la acción a la palabra, le estampó un sonoro ósculo en una mejilla—. ¡Vaya! Con mis mejores augurios porque sean muy felices… Y escuche: yo tengo una hermanita a quien quiero entrañablemente. Si hoy estuviera ella en el pellejo de usted, me considerarÃa dichosÃsimo. ¿Se entera? Se ha casado con un verdadero hombre, querida. ¡Que Dios la bendiga!
El sacerdote pronunció nuevas palabras congratulatorias y amables, tanto para Cal como para su esposa; pero la figura dominante era la de Tuck Merry. Acaso éste era el único, de los allà reunidos, que apreciaba la situación en su exacta perspectiva.