Código del oeste
Código del oeste El fuego se consumía. En el hogar sólo quedaban algunas ascuas, que poco a poco se convertían en ceniza. Afuera soplaba el viento con furia. Sonó el ladrido de alguna bestia salvaje. ¡Cuánta soledad, cuánta tristeza! Sufrió un escalofrío. El cuarto se enfriaba gradualmente. Fue a la ventana y la cerró casi del todo, menos un par de pulgadas. El aire de la montaña se colaba en el interior, trayendo, junto con su helado hálito, cierto peculiar perfume. Vio el oscuro contorno de la Ceja destacándose contra el cielo estrellado, y el espectáculo la impresionó fuertemente. Aquel lugar era diferente de Green Valley.
—Es bien salvaje y montaraz —se dijo Georgiana y en la cabaña de al lado hay un verdadero bruto… ¿Qué voy a hacer?