Código del oeste
Código del oeste —Escucha, hijo: seguramente esas cabezas locas andan tramando algo. Ahora bien, no olvides las buenas maneras, hagan ellos lo que hagan. Habla mucho en tu favor el que te ofrecieras para ir a recibir a la hermana de la maestra. Pórtate bien hasta el fin, Cal. En mi juventud, los Thurman de Texas sabían conducirse cortésmente con sus huéspedes. Aquí, en este rudo país, casi hemos olvidado lo que es cortesía. Pero yo, por mi parte, confío en ti yen Molly.
—Descuide, madre; seré bueno —contestó Cal riendo, y atravesó el porche, dirigiéndose inmediatamente al corral. Deseaba evitar el encontrarse con sus atormentadores, y tuvo fortuna en esto. Cuando llegó al «Ford», experimentó alivio y sorpresa al encontrar el motor todavía marchando… y no sólo marchando, sino que hasta zumbaba en forma muy alentadora, aunque con algún que otro ligero fallo.