Código del oeste
Código del oeste —Ven. Sentémonos aquà —respondió la maestra llevando a la muchacha hacia el sofá y manteniéndola todavÃa en estrecho abrazo—. Ahora puedo decÃrtelo todo. Porque estás casada y fuera de peligro, ¡gracias a Dios! ¡Oh, Georgie! Cal Thurman te ha salvado… y a mà también. Escucha, y te suplico que no tomes a ofensa nada de lo que diga. Nunca has caÃdo en la cuenta de cuál era aquà la verdadera situación. En vano traté muchas veces de hacerte ver el riesgo que corrÃas… jugando con los muchachos. Jamás advertiste que al aceptar las atenciones de Cal y hacerle volverse loco por ti, te colocabas en una posición demasiado seria respecto a todos los Thurman. Al principio les caÃste en gracia, a despecho de tu atrevida forma de vestir y de tu habla. Pero en cuanto empezaste a flirtear con los otros muchachos y el pobre Cal evidenció su pena, comenzaron a enfriarse. No necesito confesarte todo lo que conozco sobre semejante asunto. Mas, después de aquel baile, en el mes de octubre, y de tu indiferencia para con Cal (precisamente en el momento que más tenÃas que corresponder a su lealtad), hasta Enoch se volvió contra ti. QuerÃa que te mandara a casa. Yo no podÃa complacerle, puesto que, en realidad, no tenÃas otra casa que la mÃa… Bueno, anteayer se produjo una crisis terrible. Querida, me duele el tener que contártelo.