Código del oeste
Código del oeste No comprendía la actitud de Cal. Éste hablaba muy poco, y parecía deseoso de alejarse de su vista. Ensimismado, sombrío, preocupadísimo, apenas le hacía compañía más que los breves ratos en que absolutamente no podía evitarlo. Y acabó por llegar a la conclusión de que semejante conducta se debía a la certidumbre de que ella se iría, y que, si todavía no lo había hecho, era por causas que no se le escapaban. Le extrañaba sobremanera que no demostrara remordimiento alguno por el crimen cometido. Si se hubiera arrepentido, habría formado mejor concepto de él. No parecía haber justificación para el miedo de Georgiana de que le acometiera otro acceso de furia como el que tuvo cuando la raptó. Pero, indudablemente, si había evidenciado tan terrible temperamento, era porque tal era su naturaleza, y en cualquier otra oportunidad podría repetirse lo pasado. No obstante, la consolaba la seguridad de pasar totalmente sola la mayor parte del tiempo.