Código del oeste
Código del oeste Una vez terminada tan extraña comida, Cal dijo que él se ocuparÃa del resto del trabajo. Georgiana se alegró de verse libre de tal faena. HabÃa pasado un mal rato. Dejó a Cal sentado a la mesa, con la cabeza apoyada en una mano y muy pensativo. Pasó a su cuarto, se encerró bien, y cayó vÃctima de los remordimientos.
—¡Oh, lo siento…, lo siento por él, no importa lo que me haya hecho! —exclamó—. Sabe que la cosa no tiene arreglo. Se da cuenta de lo que voy a hacer… y entonces quedará deshonrado… ¡Deshonrado por mÃ! ¡Oh, si yo lo hubiera pensado antes!…
El siguiente dÃa estableció en la mente de Georgiana una perspectiva bien clara del estado de la situación, tal cual existÃa entonces, y cual, probablemente, seguirÃa existiendo bastante tiempo en lo por venir.