Código del oeste
Código del oeste Aguardemos hasta mañana para decidir si se le llama o no. Por el momento no lo creo necesario. Y, de fijo, maldito lo que le gustará a Cal que lo vea el doctor en semejante estado. Haré que venga madre, si fuese preciso, y, con ella aquÃ, estará mejor atendido que con todos los médicos del mundo.
—Wess, ahora dÃgame por qué fue Cal a buscar a Bid Hatfield.
—¡Oh!, supongo que por el gusto de pelear —contestó evasivamente el mozo inclinándose para soplar la lumbre.
—No trate de engañarme, y, sobre todo, no mienta —dijo Georgiana.
El vaquero prosiguió soplando, igual que si no hubiera oÃdo nada. Luego se entretuvo en apilar cuidadosamente la leña. Georgiana aprovechó la tregua para reunir fuerzas y decidir qué le convenÃa hacer para averiguar lo que querÃa. Era muy difÃcil sacarles nada a aquellos Thurman, cuando se encaprichaban en no hablar. Pero no sabÃan resistir a la ternura ni a las lágrimas. AsÃ, pues, le cogió a Wess las rudas manos y, mirándole con expresión de conmovida dulzura (no del todo simulada), le rogó, mimosamente: