Código del oeste
Código del oeste Wess habÃa hablado pausadamente, como para estar seguro de recordarlo todo, y el relato le habÃa avivado la concentrada furia que sentÃa por el villano atropello cometido con su primo.
—Bien —continuó—, le di las gracias a Tom, por ser tan decente, y me hice cargo de Cal. Al llegar al arroyo, saqué al muchacho del caballo y logré reanimarlo, tanto, que creyó que podrÃa venir solo. Pero ¡ca, ni por pienso! A los pocos pasos se fue de cabeza al suelo, desmayado. Entonces le subà de nuevo y me di toda la prisa que pude. No hemos tropezado con nadie en todo el camino.
—Encuentro espléndido, de parte suya, el que haya sido tan… bueno y le haya traÃdo acá, donde nadie podrá verlo… Wess, ¿está muy lastimado?
—Bastante más de lo que yo quisiera —contestó el interrogado moviendo la cabeza—. Desde luego, no creo que corra ningún peligro. Aunque no me gusta eso de que escupa sangre. Si bien puede ser que provenga de los labios partidos o de que se le haya saltado algún diente.
—¿Habrá que llamar al médico?