Código del oeste

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—Mire, Georgie, yo no sé gran cosa, en verdad. Andaba recorriendo el Prado Frío cuando vi venir a un hombre con dos caballos por la senda que baja de la serranía de Mezcal. Nos encontramos, y entonces reconocí que el hombre era Tom Hall, uno de los del equipo del Bar XX. Traía a Cal atravesado como un fardo sobre la silla del otro caballo. Y me dijo: «¡Caramba, Wess, qué suerte que nos hayamos encontrado! Cal le metió la mano a Bid, allá en el rancho, y se pegaron como condenados. Yo no lo vi, pero me lo contaron los muchachos. Echaron abajo el chozuelo[7] donde empezó la pelea, y después, afuera, armaron tal tremolina que hasta la tierra quedó hecha una miseria. Los muchachos aseguran que mientras el encuentro fue como se debe, Cal no llevaba la peor parte, ni mucho menos. Pero usted conoce a Bid. Apenas se vio en apuros, recurrió a cuantas mañas sucias se le ocurrieron para ganar. A poco más, mata a Cal. Afortunadamente, en esto llegó Saunders, el patrón, y contuvo a Bid. Por cierto, que se enojó bastante. Cal estaba hecho un guiñapo. ¡No podía tenerse en pie! En realidad, no podía ni siquiera alzarse del suelo. Bueno, alguien tenía que llevarlo a casa, y yo fui el único que se ofreció para hacerlo. Aunque, si he de ser franco, no las tenía todas conmigo. ¡Imagínese la que se arma si me tropiezo con Enoch o con el papá! ¡Zapatiesta! Y tendría gracia que, por hacer un favor, saliera con las costillas rotas. Menos mal que anda usted por aquí, y me puede sacar del compromiso. Cal está lastimadísimo y me alegro de poder entregárselo».


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