Código del oeste
Código del oeste —Wess, usted es un Thurman y yo le profeso muy buena voluntad —replicó Georgiana hablando con insinuante lentitud—. Siempre he creÃdo que serÃa un gran amigo en la hora de la necesidad…, como en esta ocasión. Pero no recurra, para salir del paso, a sus triquiñuelas del Tonto. Conmigo no le sirven para nada.
—¡Uf! ¡Triquiñuelas del Tonto! —respondió Wess.
—¡Qué me cuenta!
—Fue Bid Hatfield, ¿no es cierto?
—Bueno, pues si no hay otro remedio, lo diré. SÃ, él fue. —Y por causa mÃa.
Wess asintió con un melancólico movimiento de cabeza.
—Déme todos los detalles —le impuso Georgiana con impaciencia.