Código del oeste

Código del oeste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Hombre, a mi juicio, no puede ser peor —respondió el vaquero muy serio—. Y, vamos, Georgie…, no me mire de ese modo. Usted me ha tirado de la lengua… contra mi voluntad. Aunque le aseguro, como nos oye Dios, que ningún Thurman cree las canalladas de Hatfield. Cal tampoco las cree, de fijo; si bien su situación, como marido, le ha forzado a hacer lo que ha hecho. Bueno; si vamos a ser francos, nosotros mismos, en la intimidad, no hemos dejado de murmurar de usted y de hacer comentarios. Pero una vez arreglado el asunto con el casamiento, dimos al olvido, por completo, las tonterías pasadas. En nuestra opinión, la situación es ésta: usted era nueva aquí y un tanto casquivana. Bid le gustaba, y usted ni siquiera trató de disimularlo. Lo mismo le caían bien Tim Matthews y Arizona, y, desde luego, Cal. Con todos coqueteaba, sin saber a ciencia cierta a cuál escoger. Pero, al casarse con mi primo, la cosa quedó definitivamente resuelta. Ya no había más que hablar. Y si Bid no fuera una inmunda alimaña, jamás hubiera nadie hecho ni la más leve alusión a lo de antes, que, en realidad, fueron puras chiquilladas.

—¡Chiquilladas…! —repitió Georgiana, como un eco, en tono acremente triste—. ¡Ojalá lo hubieran sido! Ahora es cuando empiezo a ver claro. ¡Oh, si me hubiera dado cuenta a tiempo…! Wess, le agradezco su fe en mí. Es justificada. Sin embargo…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker