Código del oeste
Código del oeste Varias cabezas aparecieron en la negrura de la entrada de la cabaña mayor. Y cuando Georgiana y su acompañante se aproximaron un poco más, avanzó a su encuentro un hombre alto, descubierto. Tenía el cabello rojizo y algo escaso, bigotes caídos, rostro atezado, enérgico, franco y abierto, y ojos azules, de mirada penetrante.
—Ése es Saunders, el patrón —cuchicheó Tuck acercándose a Georgiana.
—¡Hola! ¿Cómo está usted? Me parece haberle visto antes en alguna parte —dijo el hombre dirigiéndose a Tuck, y luego, ante su compañera, se inclinó con la peculiar deferencia que siempre mostraban los tontonianos para con las personas del sexo opuesto—. Buenos días, señorita. ¿Puedo serle útil en algo?
—¿Es usted el señor Saunders? —preguntó la joven.
—Servidor de usted —contestó sonriendo amablemente, mientras sus vivos ojos examinaban la cara de la interrogadora. Probablemente esperaba alguna cosa rara, pero se veía a las claras que no reconocía a la gentil visitante.
—Yo soy la esposa de Cal Thurman —continuó ésta, sintiendo que el corazón aceleraba su ritmo y la sangre le latía en las sienes—. He venido para hablar con uno de los vaqueros de usted…, con Bid Hatfield. ¿Me permitirá que le vea?