Código del oeste
Código del oeste —Voy a conseguirle ocupación… dos dólares diarios y mantenido… toda la buena manducatoria que pueda tragar —soltó de pronto Cal—. Allá, en el rancho de mi padre, en el Tonto, de donde no querrá salir jamás, una vez que conozca el paÃs. Y puede economizar los jornales… para hacer más adelante su rancho de ciento sesenta acres… y ser ranchero algún dÃa.
—Cal, no soy tan fuerte como creÃa —repuso Tuck aparentando desfallecer ante tan bella perspectiva—. No me prometa tanto de un solo golpe. Por el momento, me conformaré con que me den trabajo y comida.
—Mi padre tiene un aserradero —siguió diciendo el otro—. Siempre necesita alguien que le ayude, y a ninguno de nosotros nos gusta aserrar madera. Es un empleo que le dejará tiempo libre para andar por el campo en compañÃa nuestra, y para cazar. Yo le daré un caballo. Tenemos más de un centenar en casa… Tuck, el puesto es suyo, si me hace un pequeño favor.
Tuck Merry le tendió la gigantesca diestra, diciendo:
—Camarada, no hay nada en este mundo que yo no esté dispuesto a hacer en su servicio.
—Escuche —bisbiseó Cal con vehemencia—. Primero no le diga a nadie que estuvo en la marina, ni que le pusieron el sobrenombre de Tuck. Tampoco que ha sido entrenador de Dempsey.