Código del oeste
Código del oeste —Oigan: ¿saben que demuestran demasiada alegrÃa por verme? —manifestó Cal sarcásticamente, pasando su atenta mirada de uno a otro de los del grupo. Todos se mostraban serenos, pasivos, sonrientes, tranquilos. Cal los conocÃa bien. ¡Cuanto más diabólico fuera su plan, tanto más difÃcil serÃa el descubrirlo! Su misma aparente serenidad serÃa una máscara que ocultara sus aviesas intenciones. Cal se estremecÃa interiormente. ¡Qué ganas tenÃa de que pasara aquel dÃa! Al propio tiempo, algo le consolaba… su secreta alianza con Tuck Merry.
Apartó del coche a los visitantes y púsose a examinar el vehÃculo, para ver si le habÃan hecho alguna jugarreta. En esta labor procedÃa totalmente a ciegas. Revisó el motor, las llantas, el volante, y todas las partes del automóvil, pero sus conocimientos en la materia eran tan escasos, que se quedó sin saber si habÃan tocado el coche o no. Ciertamente, no habÃan tenido mucha oportunidad de hacer gran cosa. Sin embargo, si los mecánicos del garaje estaban en el secreto, ellos hubieran podido despacharse a su gusto. ¿Faltaba antes ese remache que ahora echaba de menos? No se acordaba… ¿HabÃa notado anteriormente en el piso una grieta que se extendÃa hasta el extremo delantero del auto? Tampoco se acordaba… El viejo «Ford» se le presentaba como un verdadero enigma. Cal desconfiaba, pero sin prueba alguna de sus sospechas.