Código del oeste
Código del oeste —Muchachos —dijo—, acepto su bravata. La apuesta está cerrada…, mi potro Baldy contra su caballo Pitch. Y acuérdense todos bien de la fecha…, anótenla. ¿Saben?… Y tú, Cal, aunque me duela privarte de tu magnÃfico corcel, lo perderás, porque mi orgullo me obliga a sacarte el viento que tienes en la cabeza.
—El orgullo precede a todas las caÃdas, amigo Timoteo —sentenció Cal deliberadamente—. Ahora bien, muchachos, escuchadme. Yo sé que os traéis algo entre manos, y que Tim es uno de los principales instigadores. Quiero que todos se hallen presentes cuando lo derrote.
Esta salida provocó la estrepitosa risa de los oyentes, menos la de Tim, quien habÃa adoptado un aire irresoluto y sorprendido.
—Allà estaremos; descuida —afirmó Wess.