Código del oeste
Código del oeste Sin más comentarios, Cal puso en marcha el «Ford», notando, con secreto asombro, que el motor arrancaba con inusitada presteza. Al encaminarse en dirección a la oficina postal, esperaba ser saludado con una lluvia de carcajadas y chirigotas. En esto, sin embargo, se equivocó. Algo raro le acontecía al coche. Funcionaba con demasiada facilidad y suavidad, y le daba a Cal la impresión de que quería correr. De súbito, le invadió la absoluta convicción de que los muchachos habían hecho alguna de las suyas con el mecanismo. Llegado a su destino, se detuvo algo más allá de la puerta del porche. Varios habitantes del pueblo ocupaban un banco, fumando sus pipas y matando el tiempo, a la espera del acontecimiento más sensacional que se presenciaba en Ryson: la llegada del coche-correo. Tuck Merry estaba sentado en el borde del porche, al lado de su equipaje.
En ese momento, al disponerse Cal a abandonar el pescante, notó la presencia de tres jinetes que venían trotando por el camino, desde el Este. Se fijó en ellos y reconoció a Bloom, del equipo de Bar XX, y otros hombres, uno de los cuales era seguramente Hatfield.
—¡Bien; maldita sea! —exclamó Cal—. ¡Y hay quien se queja de su mala suerte!…