Código del oeste
Código del oeste El ser víctima de las tretas de sus propios parientes y amigos ya era bastante molesto, pero tener que soportarlas delante de la gente del Bar XX, y especialmente de Hatfield, era infinitamente peor. ¿Habrían sido capaces Wess y sus compinches de provocar la singular coincidencia de la venida de Bloom y Hatfield?
—¡Oh, no los creo tan mezquinos! —murmuró el muchacho lealmente. Las chanzas eran chanzas, y, evidentemente, sus camaradas querían avergonzarlo ante los ojos de aquellos enemigos de los Thurman. Cal deseché la sospecha que fugazmente había cruzado por su imaginación. El advenimiento de esos jinetes era sólo una infortunada coincidencia que redundaba en perjuicio del desconcertado mozo.