Código del oeste
Código del oeste Hatfield no dijo ni una palabra, aunque miró de soslayo, con sus penetrantes y atrevidos ojos. El muchacho comprendió una vez más por qué aquel sujeto gozaba de tanto favor entre las mujeres. Con los hombres, su popularidad era bien escasa. Pocos le aventajaban como jinete y enlazador, y era un adversario temible en las peleas —como harto le constaba a Cal—; pero aunque esas cualidades le hacían merecedor de cierto respeto, nunca tuvo amistad con ninguno de los Thurman. Por otra parte, no era originario de Texas y pertenecía a la cuadrilla de vaqueros del rancho Bar XX.
Ambos jinetes siguieron de largo y llegaron al porche antes de notar la ridícula figura de Tuck Merry, quien estaba despreocupadamente apoyado contra un poste. Bloom fue el primero en verle y se detuvo a contemplarlo con manifiesta impertinencia.
—¡Jo, jo, jo!, —rió despectivamente, continuando su camino—. Hat, ¿has visto eso? Supongo que se habrá escapado de algún circo.
Hatfield se volvió para mirar a Merry con una expresión nada halagadora; mas, aunque el boxeador vio que se burlaban, no dio muestras de reparar en ello. Cal, por su parte, sintió a la par enfado y cierta complacencia íntima por lo que esperaba que sucediera más adelante.