Código del oeste
Código del oeste El primer pasajero que bajó era una muchacha muy joven, o, por lo menos, así le pareció a Cal. Jake le obstruía la vista, con sus alardes de galantería. Cuantos estaban en el porche se quedaron embobados mirando a la recién llegada, quien, llevando en la mano un maletín, subió los escalones de la entrada. Cal columbró unos rizos rubios y parte de un rostro muy blanco, con mejillas sonrosadas. La viajera entró en la tienda. Cal, a la espera del pasajero siguiente, se preparó para cumplir con su deber. Pero no bajó nadie más. Jake sacó otros bultos del coche, y luego se puso a desatar la saca de la correspondencia.
Cal seguía mirando y aguardando, hasta que se dio cuenta de que el gran ómnibus estaba totalmente vacío. No traía más pasaje. Su primera impresión fue de inmenso alivio. ¡La hermana de la señorita Stockwell no había venido! Debió de perder el coche, o no habría realizado el viaje. Fuera como fuese, allí no estaba.