Código del oeste
Código del oeste —Bueno…, en cuanto a eso… puedo jurarle que el único enojado será Cal —respondió Tim. Sus camaradas aprobaron con una carcajada.
Hasta aquà estuvo escuchando Cal la jugarreta de sus amigos, pero de pronto atrajo su atención la llegada de Hatfield, quien regresaba del garaje con un automóvil que habÃa alquilado. Durante la sorprendente y absurda comedia representada por Wess y los muchachos, en su tentativa de arreglar las cosas a su sabor, Cal se habÃa repuesto de la consternación que le anonadó en los primeros momentos. Los muchachos se habÃan dado cuenta en seguida de la broma de la maestra, y trataban de desquitarse con Cal, llevándose a la señorita Georgiana. Pero Cal se propuso no dejarles triunfar. La situación habÃa cambiado extraordinariamente en ventaja suya. ¡Qué bonita era la muchacha! Ya aquellos pÃcaros embusteros, que habÃan venido a Ryson con el exclusivo propósito de jugarle a él alguna mala partida, habÃan sido cautivados por la joven. Cal resolló con fuerza y saltó del coche. Se sentÃa dueño de la situación, y experimentaba en su interior un impulso más profundo y ardiente de lo que justificaban las circunstancias.
Cuando Hatfield se detuvo delante del porche, Cal deliberadamente miró al interior del auto, y viendo allà parte del equipaje de la señorita Stockwell, se apresuró a sacarlo. Hatfield abandonó en el acto su asiento.