Código del oeste
Código del oeste —¡Eh, Thurman! ¿Qué está haciendo? —demandó con fanfarronería.
Su robusta voz silenció la conversación que sostenían en el porche, y todos se volvieron para enterarse de lo que pasaba.
—Bid, he descargado el equipaje de la señorita Stockwell —contestó Cal fríamente—. A mí me han enviado para que la reciba, y voy a conducirla a casa.
El musculoso cuerpo de Hatfield vibró con furia, y por un instante estuvo éste contemplando sombríamente al mozo con la sangre retirándosele lentamente de la cara. Había allí algo más que la mera oposición que se le hacía. Luego disfrazó sus verdaderos sentimientos diciendo:
—Bien, Cal, usted no se presentó a tiempo, y como ninguno más de su equipo demostró tener educación, yo me ofrecí para acompañar a la señorita Stockwell.
—¡Ajú! —exclamó el muchacho, un tanto cortado por la respuesta del vaquero.
Entonces Hatfield subió al porche y se dirigió a la muchacha haciendo una galante inclinación.
—Señorita Stockwell, ¿me permitirá Que la lleve a casa de su hermana o prefiere ir con Thurman? —le preguntó cortésmente.