Código del oeste

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No obtuvo contestación inmediata. Tras un breve silencio vibró de nuevo la voz de la maestra, aunque con entonación distinta:

—¡Vamos, Cal…, no puede decirme eso en serio! Fue una broma inocente, como tantas otras que me ha dado usted, y supuse que se alegraría al descubrir la verdad. ¡Me satisfizo tanto el que fuera el único que se ofreciera de buena voluntad a ir a esperar a la que creía una solterona vieja y fea Fue un rasgo digno de usted, Cal…!

¿Por qué está ofendido…? ¿Por qué no me perdonará nunca?

—¡Oh! Porque se han burlado malamente de mí, delante de todos —respondió—. Wess y los muchachos vinieron acá para jugarme alguna de sus tretas pesadas… Ya ve usted, maestra, yo andaba buscando a… la persona que se pareciera al retrato que usted me enseñó. Y cuando bajó del ómnibus una… jovencita muy linda, yo… jamás imaginé que fuera su hermana. Fui el último en enterarme… Entonces, alguien, a quien detesto, se le acercó a hablarle y a ofrecérsele para acompañarla… y cuando me presenté, diciéndole que era yo la persona enviada por usted para eso…, entonces… ella me insultó, allí mismo, en presencia de ese sujeto… y de toda la pandilla.


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