Código del oeste
Código del oeste —Su hermana quiere hablarle —le dijo Cal haciendo un ademán en dirección al teléfono.
La muchacha corrió, apoderóse del auricular y púsose de puntillas para alcanzar bien el sitio donde estaba colocado el aparato.
—¡Hola…! ¡Hola! Habla Georgie… ¡SÃ! ¡SÃ! ¡Oh, Mary querida, estoy loca de alegrÃa…! Aquà estoy… en el Oeste…, y te veré pronto… Tengo tantas cosas que decirte… y te traigo regalos de mamá… y de todos.
Cal experimentó un singular consuelo en su profundo abatimiento, y se lo produjo la voz de Georgiana, dulce, suave, emocionada, sonando de un modo extraño en sus impresionables oÃdos.
—SÃ, Mary, te oigo… Habla, que te escucho —continuó diciendo la muchacha, con evidente interés. Cal se detuvo, volvióse a medias, y púsose a observar la graciosa y esbelta figura que se estiraba cuanto podÃa delante del teléfono. Oyó el estridor de la voz que venÃa por el alambre, y le pareció que la maestra se expresaba con energÃa y autoridad. La señorita Georgiana se agitó visiblemente.