Código del oeste
Código del oeste —¿Puedo ir a su lado, en el asiento delantero? —le preguntó ella, como si eso fuera lo que más ambicionara de todas las cosas del mundo. Y así lo parecía. Hablaba con dulzura, pero lo suficiente alto para ser oída por cuantos estaban en el porche, aunque aparentemente se desentendiera en absoluto de la existencia de ellos, ni diera la menor muestra de escuchar el ruido que hacía con las botas el grupo de vaqueros al ponerse en movimiento para abandonar el local.
En ese instante hizo su aparición Tuck Merry, cargado con su lío. Su cadavérico semblante no dejaba traslucir que él y Cal se conocieran, aunque en lo profundo de sus ojos brillaba un asomo de júbilo y burla, por el curso que tomaban los acontecimientos.
—Amigo, ¿querría permitirme subir a su auto, para adelantar un poco de camino? —preguntó.