El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Durante el verano los ingenieros atravesaron los cerros de Wyoming, llevando el trazado hasta Utah, donde establecieron contacto con la brigada que venía a su encuentro desde el Pacífico.
El paso inicial de la inmensa obra de construcción es taba dado. A costa de no pocas vidas y de indecibles penalidades, los técnicos demostraban que un ferrocarril a través de las Montañas Rocosas era factible, mas aun así tenían escasa idea de la titánica labor que su construcción entrañaría.
Para Neale, los meses pasaron rápidos, duros, provechosos. Su amor por los abertales y por la selvatiquez se fundió con su ambición y su ansia creadora. Se preguntaba si habría experimentado el uno sin la otra. La vida de campamento y el diario escalar montañas hicieron de él un montaraz de segura planta y tremenda resistencia. Incluso llegaron a convertir en un buen expedicionario al cowboy, si bien Neale aseguraba que no habría montaña capaz de corregir el estevado de las piernas del caballista.
Sólo dos incidentes o accidentes perturbaron el trabajo y el contentamiento de aquellas fructíferas semanas.
