El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —¡Condenado me vea! —exclamó Larry tendiendo aquella mano que tan certera era con el lazo y con el revólver—. ¡Chócala! Si no lo hubieses hecho te habrÃa… Y, Neale, si eso de camarada va de veras… ¡tuyo lo soy hasta la muerte!
—¡Camarada! —replicó Neale estrechando la ofrecida mano.
El preocupado rostro de Slingerland se esclareció.
—¡Cuánta ley le hemos tomado todos a esa muchacha! —observó—. Es raro… Bien pensado, no, no es raro. Es… como debÃa ser. Usted la salvo, ¡que sean muy felices, muchacho!
Neale se quito del meñique una sortija de sello.
—Dele usted esto a Allie. DÃgale que es mi fianza. Volveré por ella. Y… añada que no deje de pensarlo ni un momento.