El Caballo de hierro

El Caballo de hierro

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Ese ferrocarril es una gran idea… Cuando esté concluido y yo tenga el empleo que haya ganado con mi labor… ¿querrás casarte conmigo?

Neale oyó su violenta aspiración y la vio estremecerse. Se desasió de ella, apartándose por temor a ceder al impulso de tomarla entre sus brazos. Bastante efecto había causado ya con sus palabras. Experimentaba remordimiento, ansiedad, ternura; mas, a pesar de todo, un algo interior le decía no haber obrado mal imponiendo su voluntad. Estaba sola en el mundo; él le había salvado la vida.

—¡Adiós, Allie…! ¡Volveré…! ¡No me olvides!

Ella continuo inmóvil, de rodillas, con el rostro oculto por la mata de cabello suelto, sin hablar ni hacer el menor signo.

Neale salió. El aire fresco y tonificante azoto su rostro. Larry aguardaba con los caballos. Slingerland esperaba también, con aire conturbado. Ambos hombres le mira ron. Neale se percato de ello y de su agitación, y, súbita mente, como ocurre siempre, llegado un apogeo emotivo, cambio de modo, serenándose.

—¡Red! ¡Viejo camarada! ¡Felicítame! ¡Me he comprometido a casarme con Allie! —dijo con una exultante sonrisa.


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