El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Pues… yo… El caso es… Allie… que… me tiene usted a mà —dijo con voz velada por la emoción. Luego se echo a reÃr. Y ¡qué extraña sonaba en aquellos momentos su risa! Jamás olvidarÃa aquella escena, la tosca habitación llena de pieles, la joven arrodillada a sus plantas.
—¿A usted?
—SÃ, a mà —replicó con voz vibrante al oÃrla por primera vez poner en su pregunta acento de sorpresa. ¡Por fin habÃa sabido tocar la acertada fibra! Fue un gran momento. ¡Si supiese, cuando menos, compensarla por todo lo que habÃa perdido!
—Allie… ¿me comprende usted ahora…? Tiene… algo porque vivir. ¿Me oye?
Apenas llegó a sus oÃdos el imperceptible sÃ, pero bastó para que se sintiera fuerte, victorioso, dominador sobre su abatimiento y su desesperación.
—Escucha —dijo—. Ahora vuelvo a mi trabajo. Estaré ausente semanas. Tal vez meses, pero volveré. Pasaré aquà con vosotros todo el invierno. Mi obligación estará en el Paso… Y luego… luego… algún dÃa seré alguien en el U. P. Ingeniero en jefe, Superintendente de VÃa y Obras… o algo asÃ. Tú estás sola… ¿Quién sabe si también llegarás a cobrarme afecto…? Trabajaré de firme…