El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —¿Por qué? —Quiso saber hoscamente.
—¡Cómo…! Porque… porque —balbuceo irritado con sigo mismo. En realidad, ¿por qué habÃa de importarle?
—¡Ojalá… me hubiese usted… dejado morir! —gimió ella.
—¡Oh, Allie, Allie! —Comenzó Neale, entristecido, pero inconscientemente se percato de un cambio en su metal de voz. TenÃa sentimiento. La muchacha, por lo visto, pensaba. Se juro llegar a dominar aquella especie de enfermedad moral a fuerza de sagacidad, de sutileza. La observo. Poniéndole las manos sobre los hombros la atrajo suavemente. Ella se dejo resbalar de la pila de pieles de búfalo que le servÃa de asiento, quedando de rodillas ante él. Entonces dio la única indicación de timidez que Neale pudo notar en ella. Quizá de temor. En todo caso, volvió la cara de forma que la cubrió el desmelenado cabello.
—¡Allie! ¡Allie! Escuche: ¿no tiene algo por qué vivir?
—No.
—¡Vaya! ¡Lo tiene!
—¿El qué?