El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Allie Lee estaba dotada de una imaginación a la vez activa y contempladora. Pensando en Neale y en su porvenir, tenía siempre entre manos algún quehacer. Así pudo transcurrir un año con relativa celeridad y sin una sola hora de melancolía o de abandono.
Creía firmemente que Neale estaba retenido por algún importante trabajo; o bien le habían enviado a Omaha o había alcanzado por fin un más alto cargo, como ambicionaba.
Aunque los recelos de Slingerland no pasaron inadvertidos para ella, se negó rotundamente a darles beligerancia en su espíritu. Su corazón le decía que todo iba bien para Neale y que, tarde o temprano, pero indefectiblemente, volvería a su lado.
