El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Benton tenÃa ya dos trenes diarios. El que acababa de llegar era larguÃsimo y cargado hasta su máxima capacidad. Neale atisbó una saeta india clavada sobre una de las ventanillas de un vagón. HabÃa varias plataformas transportando casas de madera en secciones, y vagones cerrados llenos de mobiliario, Benton crecÃa por momentos. De aquel tren desembarcaron, a lo menos, un millar de personas.
De repente, Neale se halló cara a cara con Larry King.
—¡Red! —gritó abalanzándose hacia el cowboy.
—¡Palabra de honor que me alegro de verte! —exclamó Larry—. ¿Qué particular clase de infierno anda suelto por aqu�
Neale se llevó a Larry de entre la muchedumbre. El cowboy llevaba un pequeño hato en una envoltura de lona.
—¡Qué ganas tenÃa de volver a echarte la vista encima! —declaró Neale—. ¿Y tus caballos?
Larry pareció desasosegado.
—Pues… los vendÃ.
—¿Los vendiste? ¿Aquellas maravillas? ¡Oh, Red! ¿Por qué?
—¡Condenación! ¿Te crees que en este U. P. que nos otros construimos se viaja de balde? No tenÃa dinero y…