El Caballo de hierro
El Caballo de hierro King, conturbado, confuso, enrojeció aún más, ablandando el acerado fulgor de sus miradas.
—Oà lo que decÃan que era Benton y… he venido a verlo.
Larry termino la frase acentuando su sentido con un significativo ajuste de su biricú.
—¡Por todos los profetas! Mira quién viene por ahà —exclamó súbitamente.
Neale dio media vuelta, y vio a un explorador, vestido con el habitual traje de ante; una talluda figura, extraña mente familiar.
—¡Slingerland! —gritó.
De un brinco, el trampero se unió a ellos, encendido el rostro, animadas las grises pupilas.
—¡Muchachos! ¡Por fin! ¡Estaba seguro de dar con vosotros algún dÃa!
Neale quiso hablar, pero una terrible contracción de la garganta se lo impedÃa. Apelo al trampero con un ademán. Del rostro de Slingerland desapareció la sonrisa, y la rigidez volvió a sus facciones.
—Y… ¿y Allie…? ¿Qué… hay… de ella? —balbuceó Larry.